Efectos y Beneficios del Entrenamiento de Sobrecarga (fuerza) en Población General y en Adultos Mayores. Revisión.

Por Mauricio Varela.

Breve introducción:

En este artículo trataré de hacer una breve reseña, principalmente, de algunas de las adaptaciones musculares que se podrían producir con el entrenamiento de la fuerza, abordando de manera abreviada las de tipo estructural y las de tipo neural, dejando para desarrollar en una próxima publicación las de tipo hormonal.

Cuando nos referimos al entrenamiento de sobrecarga en los gimnasios habitualmente lo relacionamos, únicamente, a funciones relacionadas con la estética corporal, que si bien esto podría ser un aspecto importante a tener en cuenta, debido al impacto que produce sobre la psiquis de algunos individuos; es esencial resaltar la importancia de su implementación en el ámbito de la salud y la rehabilitación, por el efecto que las adaptaciones a nivel estructural y neural  producirían en los sujetos adultos, los cuales están más expuestos a sufrir un deterioro funcional de su organismo debido al proceso natural de envejecimiento, al sedentarismo y a la inactividad producto de la salida del mercado laboral.

Adaptaciones estructurales y neurales producidas por el entrenamiento de la fuerza y sus beneficios en los adultos mayores:

En nuestros días ya es bien reconocido, tanto en el ámbito científico como en el médico, que la fuerza muscular es una cualidad física fundamental y necesaria para la salud, la capacidad funcional y el mantenimiento de la calidad de vida (ACSM, Kraemer y col., 2002), especialmente en personas mayores (Jiménez, A. 2007).

Ya que la sarcopenia (pérdida de masa muscular que se da con la edad), la dinapenia (pérdida  de la fuerza muscular asociada a la edad [nota al pie 1, sugerimos su lectura]) y la debilidad muscular pueden ser una característica casi universal del envejecimiento, deben ponerse en práctica estrategias para preservar o aumentar la masa muscular y la fuerza en los adultos mayores (ACSM, 1998).

Para comenzar, se podría aseverar que la realización de un entrenamiento sistemático de fuerza máxima, se acompaña de un incremento significativo en la producción de fuerza de todos los grupos musculares independientemente de la edad y el sexo, siempre y cuando la intensidad y la duración del entrenamiento sean suficientes (Izquierdo, M. Gonzáles Badillo; Gorostiaga y Col. 2008), cumpliendo con la Ley de Schultz-Arnoldt o Ley del Umbral [nota al pie 2], y pudiendo ser acompañado de Adaptaciones Estructurales, Adaptaciones Neuromusculares y de Adaptaciones Hormonales, entre otras.

Los incrementos iníciales de la fuerza pueden ser hasta un 10-30 % (o incluso de hasta 100% en personas mayores frágiles), durante las primeras semanas o 1-2 meses de entrenamiento. Después de esta etapa inicial, el desarrollo de la fuerza se produce en menor medida dependiendo de la intensidad, la frecuencia y el tipo de entrenamiento. Los mayores  beneficios de tipo funcional inducido por el entrenamiento de fuerza son las mejoras de la fuerza máxima, la potencia muscular y de la fuerza explosiva máxima (incrementos de fuerza por unidad de tiempo) (Aagard y col 2003. Kraemer y Ratamess, 2004).

La figura 1 muestra la evolución de la curva de potencia – carga después de someter a sujetos mayores de entre 46 y 64 (n=11) años a un programa combinado de fuerza máxima y explosiva durante 4 meses de entrenamiento (Izquierdo y col. 2001). Tanto la fuerza máxima como la potencia muscular mejoraron en las personas mayores.

Figura 1: Curva potencia-carga en el test de media sentadilla en los sujetos de 46 años (H46) (A) y de 64 años (H70) (B) durante cuatro semanas de periodo de control (semana –4 a 0) y durante las 16 semanas del periodo de entrenamiento (semana 0 a 16). (Adaptado de Izquierdo M, Häkkinen K, Anton A, Garrues M, Ibañez J, Gorostiaga EM (2001b) Effects of strength training on muscle power and serum hormones in middle-aged and older men. J. Appl. Physiol. 90: 1497-1507).

El entrenamiento de fuerza ayuda a compensar la pérdida de masa muscular y de fuerza, que por lo general se asocia con el envejecimiento normal. Entre los beneficios adicionales se incluyen una mejoría en las condiciones óseas y como consecuencia, un riesgo menor de padecer osteoporosis [nota al pie 2], una mejoría en la estabilidad postural y por lo tanto una disminución en la posibilidad de caerse, herirse, fracturarse y finalmente un aumento en la flexibilidad y del rango de movimiento (ACSM).

Por otro lado, el entrenamiento de fuerza puede no ser un proceso uniforme a lo largo de todo el paquete muscular. (Hakkinen y col, 2000). Ver la Figura 3.

Figura 3: Estudio realizado por Häkkinen y col. (2000) en mujeres de avanzada edad se observó que los cambios inducidos por 21 semanas de entrenamiento de fuerza en el área de sección transversal determinada por resonancia magnética nuclear, no eran uniformes a lo largo de grupo muscular cuadriceps femoral, tal que los aumentos fueron superiores en las regiones con más sección transversal, en las porciones proximales del vasto lateral y en las porciones dístales del vasto medial. Sin embargo, esto no se observo en los músculos vasto intermedio y recto femoral.

Los incrementos de la fuerza inducidos por el entrenamiento durante las primeras semanas se deben principalmente a una adaptación en el Sistema Nervioso, por el cual se induce a un aumento en la activación de los músculos agonistas, como así también a una disminución en la coactivación de los músculos antagonistas y una optima activación de los músculos sinergistas. Sin embargo, a partir de la 6ª-7ª semana la hipertrofia muscular es un hecho evidente (Figura 2).

Figura 2. Influencia relativa de las adaptaciones neurales y musculares con el entrenamiento de fuerza (Modificado por Sale, 1998). Tomado de López Chicharro, L. 2006.

La hipertrofia muscular es el resultado de la acumulación de proteínas, debido a un aumento en la síntesis, reducción en la degradación o ambos. La síntesis de proteínas se incrementa terminada una sesión de entrenamiento, y puede estar elevada hasta 48 horas después del ejercicio (Chesley y col, 1992; Mac Dougall y col, 1992). La síntesis de proteínas depende de la disponibilidad [nota al pie 4] y transporte de aminoácidos (Biolo y col, 1995) tiempo de ingesta (Tipton y col, 2001), concentraciones de insulina (Biolo y col, 1999), y otros factores como por ejemplo, la regulación hormonal anabólica de las hormonas de crecimiento, testosterona, factor de crecimiento insulinico tipo 1, factor de crecimiento-mecánico, contenido de receptores androgenicos, el tipo de estrés mecánico (Kraemer y Ratamess, 2003, 2005) y la hidratación celular (Waldegger y col, 1997). Altos niveles de Cortisol jugaran un papel desfavorable en la hipertrofia, pues favorecen la utilización de los aminoácidos musculares como sustrato energético.

Tanto hombres como mujeres pueden aumentar de manera considerable el tamaño muscular. Sin embargo, los hombres son capaces de conseguir superiores ganancias de masa muscular después de un periodo de entrenamiento de fuerza (Alway y col, 1992).

El entrenamiento de fuerza en personas mayores facilita la retención de proteínas contráctiles y puede retrasar la pérdida de masa magra y de fuerza asociada al envejecimiento. En esta instancia, es importante destacar que numerosos estudios insisten en que este descenso de la capacidad funcional tiene mucho que ver, además, con el estilo de vida, los hábitos, la alimentación y las enfermedades.

El entrenamiento de fuerza de alta intensidad realizado por Adultos Mayores  provoca hipertrofia muscular, tanto en fibras musculares lentas (tipo I), como rápidas (tipo II), con mayor predominancia de la fibras IIa (volvemos a subrayar: siempre y cuando la intensidad y la duración del entrenamiento sean suficientes (Izquierdo, M. 2008).

Esta adaptación es importantísima, debido a que la sarcopenia (Fenómeno multifactorial en el que confluyen un descenso de la producción de hormonas anabólicas como la Hormona de Crecimiento y la Testosterona, un aumento de citoquinas proinflamatorias que tienen un efecto catabólico sobre el tejido muscular como las Interleucinas 1 y 6 y el Factor de Necrosis Tumoral Alfa, pérdida del apetito y reducción de la actividad física (Roig Jorge, 2009). Además  se produce con la edad un descenso de los niveles del IGF-1, se produce un aumento en los niveles basales de Cortisol, y se acrecienta el fenómeno de la apoptosis), que comienza muy temprano, alrededor de los 25 años si mantenemos una vida sedentaria, es selectiva en cuanto al tipo de fibras musculares que se pierden, ya que se produce una disminución mayor de las fibras rápidas (ver la figura 4), y esto es primordial porque de los dos tipos de fibras genéricamente hablando, lentas y rápidas, las rápidas son las que más cantidad de glucógeno almacenan, las que poseen mayor cantidad de GLUT 4 (Principal responsable de la captación y entrada de glucosa a la célula, en especial, a la muscular y adiposa, tras el estímulo de la insulina (Tebar Massó F.J. y Escobar Jiménez F., en: La diabetes mellitus en la práctica clínica, 2009) y las que por consiguiente poseen mayor cantidad de receptores insulinicos. Esto quiere decir que el sujeto que no entrene además de estar perdiendo fibras rápidas se les está aumentando los niveles de glucemia y de insulina, porque ha perdido los sitios de impacto, está perdiendo receptores insulinicos, y por lo tanto va a potenciar la posibilidad de que se le instale en su organismo de forma crónica una hiperinsulinemia y ésta favorece la lipogenia, así el sujeto comenzará a engordar, comenzará a potenciar la acumulación de grasa proporcional al músculo. Por eso el perder fibras rápidas es una invitación a entrar en el territorio del síndrome metabólico por hiperinsulinemia, por hiperglucemia y unido a esto podrá instalarse una resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, disbalances en el perfil lipídico, problemas cardiovasculares, etc. Por eso debiera ser fundamental el preocuparnos por trabajar las fibras rápidas.

Figura 4: Porcentaje de disminución del tejido muscular y sus respectivas fibras en hombres y mujeres entre 30 y 66 años con referencia al músculo cuadriceps. En Prescripción de Actividad Física en la Obesidad y las Alteraciones Metabólicas de Carlos Saavedra.

Para el abordaje de la sarcopenia, los ejercicios de elección deben caracterizarse por su alta intensidad y corta duración. Las tradicionales propuestas como por ejemplo la natación, la marcha o la bicicleta están desaconsejadas sencillamente por no poder alcanzar a través de ellas el umbral mínimo de exigencia capaz de estimular la biosíntesis proteica, requisito indispensable para contrarrestarla (Roig Jorge, 2003).

En un reciente artículo el profesor Jorge Roig explica que: “…Una serie de trabajos publicados por el Centro de Estudios Aeróbicos ha mostrado que, en comparación con sujetos que entrenaban con cargas bajas dentro del territorio de la fuerza, aquellos de mayor fuerza tuvieron un 45% menos de probabilidades de sufrir de Síndrome Metabólico (Jurca et al . 2005), el 39% presentó menor probabilidad de morir de cáncer (Ruiz et al. 2009), y un 20% fueron menos propensos a morir por cualquier causa (Fitzgerald et al. 2004). También otros estudios reportan que la fuerza muscular está relacionada inversamente con la resistencia a la insulina (Karelis et al. 2007) y la diabetes tipo 2 (Sayer et al. 2005).Confirmando lo dicho hasta aquí, un reciente estudio del año 2009 publicado por Stenholm et al., concluye, luego de un seguimiento durante 6 años de adultos mayores de 65 años, que los obesos con menor fuerza tuvieron un deterioro mayor de su capacidad funcional y física que los de mayor fuerza, también obesos. Y este mismo grupo de investigación demostró además que los obesos con menor fuerza en la prensión de manos presentaron una mayor limitación en la marcha que quienes eran obesos pero su fuerza de prensión era más elevada que los del otro grupo…” (Tomado de: http://www.facebook.com/photo.php?fbid=261236893961702&set=a.180214695397256.48154.100002261803611&type=1&theater).

En este mismo sentido, según Saavedra, C. (2006), en pacientes entrenados con ejercicios de alta intensidad y corta duración se incrementa la actividad de proteínas tales como AMPK y CaMK de manera más significativa que en los ejercicios de tipo moderado-continuo. Estas proteinas son responsables de la regulación del metabolismo energético, de la síntesis de proteínas y de la biogénesis mitocondrial.
Además se experimentan modificaciones y adaptaciones de una serie de factores a nivel periférico tales como:
• Irrigación periférica del tejido muscular.
• Sensibilidad de receptores hormonales (leptina, adiponectina, insulina, catecolaminas, etc.).
• Transportadores de glucosa o GLUT4.
• Actividad de LPL y LHS.
• Consumo de triglicéridos intramiocelulares.
• Depósitos de glicógeno.
• Síntesis de proteínas.
• Biogénesis mitocondrial.
• Capacidad metabólica oxidativa.
• Producción de ON.
• Tolerancia a la acidosis.
• Actividad lipolitica.
• liberación de IL-6, miokina.
También se experimentan aumentos a nivel central en términos de volumen sistólico, ventilación pulmonar y lo mas importante en términos de provocar una disminución del QR.
Este conjunto de variables adaptativas o modificables con el ejercicio, permiten de manera directa e indirecta corregir dislipidemias, hipertrigliceridemias, hiperglicemias, hiperinsulinemias, hipertensión arterial, grasa visceral y estas a su vez inciden en la prevención yterapia de la insulina resistencia y del síndrome metabólico.

Considerando las variables mas deterioradas con el estilo de vida que llevamos, debemos considerar que un ejercicio físico debe apuntar en su mayoría a la prevención o terapia:
• de la sarcopenia,
• de la insulina-resistencia,
• de la disfunción mitocondrial y
• de la baja capacidad cardio-respiratoria o
• de la baja capacidad oxidativa o de consumo de oxigeno.
Para tales efectos se ha podido establecer que el ejercicio de sobrecarga dosificado y adecuado fisiológicamente es mas eficiente y de menor riesgo cardiovascular para el paciente que el aerobico (Diabetes Care del 2004: Physical Activity, Exercise and Diabetes 2 . Vol 27, N 10).

Otro efecto del entrenamiento  de sobrecarga podría ser  la hiperplasia, que es el aumento del número de fibras por músculo. Los trabajos sobre este fenómeno son muy controversiales, por un lado están los que aseguran que el fenómeno existe, hay estudios de conteo pre y pos período de entrenamiento donde se ha demostrado en gatos[nota al pie 5] (Wilmore y Costill, 2007), por otro lado están los que afirman la imposibilidad que ello ocurra en humanos. Por el momento no se puede afirmar ni negar este fenómeno [ver nota al pie 6]. Se debe continuar investigando.

Sintetizando podemos afirmar que con el entrenamiento de fuerza se producen numerosas adaptaciones estructurales, neurales y endocrinas en los sujetos independientemente de la edad y el sexo, siempre y cuando la intensidad y la duración del entrenamiento sean suficientes, que la hipertrofia se acompaña de un aumento del tejido conectivo, y que mejorías en la marcha, la velocidad, el equilibrio, la capacidad de levantare de una silla, la energía para subir escaleras, la capacidad aeróbica, las pruebas basadas en el rendimiento de independencia funcional, la discapacidad reportada por ellos mismos, el estado de ánimo, los síntomas depresivos, y la ingesta energética se asocian con ganancias en la fuerza después del entrenamiento de sobrecarga en los ancianos débiles. En adultos mayores saludables, el entrenamiento de fuerza mantiene o aumenta la densidad ósea, la tasa metabólica en reposo, la sensibilidad a la insulina, el tiempo de tránsito intestinal, disminuye el dolor y la discapacidad producida por la artritis, y mejora la calidad del sueño entre otros beneficios.

 Como se puede apreciar, la necesidad de entrenar la fuerza muscular es fundamental por el fuerte impacto que el mismo tiene sobre la salud y calidad de vida.

Para finalizar y a modo de reflexión podemos preguntarnos: ¿será la actividad física aeróbica de muy bajo impacto como la “caminata” (que tan habitualmente recomiendan muchos profesionales de la salud) el camino más adecuado para mejorar la calidad de vida independiente de esta población en continuo crecimiento?

Notas al Pie:

[1] Para entender la diferencia entre sarcopenia y dinapenia y sus orígenes  sugerimos leer el siguiente enlace:

http://www.gefientrenamiento.com.ar/2012/04/dynapenia-perdida-de-fuerza-y-sus-implicancias-en-la-vida-independiente-de-los-adultos/

[2] Para lograr un efecto del entrenamiento, el estímulo debe superar un cierto umbral de esfuerzo. Partiendo de que cada sujeto tiene un umbral de esfuerzo determinado y un nivel máximo de tolerancia, la adaptación se producirá en función del nivel de estímulo que se aplique al organismo. De éste modo, estímulos inferiores al umbral no tienen efecto, estímulos débiles por encima del umbral mantienen el nivel funcional, estímulos fuertes (óptimos) inician cambios fisiológicos y morfológicos y estímulos demasiado fuertes producen daños funcionales.

[3] La osteoporosis es una seria enfermedad del esqueleto que causa un aumento en la morbilidad y mortalidad a través de su asociación con fracturas relacionadas con la edad. Si bien, los mayores esfuerzos en la prevención de fracturas han sido focalizados en disminuir la tasa de pérdida ósea asociada con la edad y reducir la frecuencia y severidad de los traumas en personas mayores, la evidencia de que la masa ósea pico es un factor que contribuye con la resistencia ósea en la vida adulta, es cada vez mayor. De hecho se ha puesto mucho énfasis, en la prevención de la osteoporosis a través de la optimización de la masa ósea pico durante la niñez y la adolescencia. El esqueleto humano en la etapa previa a la pubertad, es sensible al estímulo mecánico desencadenado por el ejercicio y hay cada vez mas evidencia de que el ejercicio regular en donde debe soportarse el propio peso corporal es una estrategia eficaz para reforzar la mineralización de los huesos durante del crecimiento. Es necesario que la actividad física y/o la participación en los deportes comiencen en la edad previa a la pubertad y se extiendan a través del desarrollo de la pubertad para obtener la mayor cantidad de masa ósea máxima posible. Los deportes de alto impacto tal como la gimnasia, o la participación en deportes o actividades en las que hay que soportar el propio peso corporal tal como el fútbol, son muy recomendables para incrementar la masa ósea pico. Hay otros factores que también influyen en la acumulación de minerales óseos durante la niñez y la adolescencia, por ejemplo, la herencia, el sexo, la dieta y el estatus endocrino (Burrows, Melonie. El Ejercicio y la Acumulación de Minerales Óseos en Niños y Adolescentes. PubliCE Standard. 15/02/2008. Pid: 936.)

[4] En sujetos de avanzada edad la ingesta recomendada, por ciertas organizaciones, de proteínas es de 0,8 gramos por kg de peso corporal por día, sin embargo las ultimas investigación demuestran que estas dosis se encontrarían aproximadamente 50% por debajo de lo ideal, recomendándose ingestas superiores a 1,2grs/kg/día. Se ha comprobado que la suplementación con proteínas en ancianos mejora no sólo su fuerza muscular (Gil, A. 2010), sino también mejora en balance nitrogenado y estimula la formación de masa muscular (Casanueva, E., Pérez, A. 2008).

[5] http://books.google.com/books?id=RXmtpVxDZXQC&pg=PA100&dq=hiperplasia+muscular+en+gatos&hl=es&ei=MAbxTc7KIYSitges1YyUAw&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=1&ved=0CCoQ6AEwAA#v=onepage&q=hiperplasia%20muscular%20en%20gatos&f=false

[6] Mikel Izquierdo (2008) señala: “En la actualidad no se puede concluir sobre si la hipertrofia muscular provocada por el entrenamiento de fuerza se acompaña o no de un aumento en el número de las fibras musculares (hiperplasia). Esto se debe a las grandes dificultades metodológicas que existen en la determinación del número de fibras en el músculo humano. El proceso de aumento inducido por el entrenamiento en el número de fibras musculares en animales adultos se creía que estaba relacionado con la división longitudinal de las fibras. En la actualidad, esta teoría se ha desechado y se piensa que con el entrenamiento las nuevas células se desarrollan a partir de otras ya existentes denominadas células satélites. Estas «células satélites», son células de reserva no funcionales que se encuentran en el exterior de la membrana plasmática de la fibra muscular, pero en el interior de la lámina basal. Cuando un ejercicio o una sesión de entrenamiento produce un daño celular en el músculo, se observa una proliferación de «células satélites» (Schultz, 1989) que puede reemplazar a las células dañadas (en el caso de que el daño haya sido tan grande que las células lesionadas mueran) o bien fusionarse con dichas células (en el caso de que el daño celular haya sido grande pero no hayan muerto) (González- Badillo y Gorostiaga 1995). Los diferentes estudios de investigación que han comparado culturistas, power-lifters con un grupo control de personas físicamente activas han mostrado un mayor número de fibras en los levantadores (MacDougall y col, 1982; Tesch & Larsson, 1982). Sin embargo, todavía no se ha determinado si esto se debe a los efectos del entrenamiento o a la genética, ya que en otros estudios, no se ha visto diferencia en el número de fibras musculares entre atletas y sujetos control (MacDougall y col, 1984). En un estudio longitudinal, McCall y col (1996) mostraron una evidencia indirecta de hiperplasia (por ejemplo, una subpoblación de sujetos mostraron un mayor número de fibras, a pesar de que no se observaron cambios cuando se analizó toda la población en conjunto) en el músculo bíceps después de un programa de entrenamiento de fuerza. Si ocurriese el fenómeno de hiperplasia, podría representar una adaptación al entrenamiento de la fuerza, cuando ciertas fibras musculares alcancen un umbral teórico de tamaño celular y esto solo explicaría una pequeña proporción del aumento del tamaño muscular”.

Bibliografía:

  • Alfonso Jiménez Gutiérrez. Entrenamiento personal: Bases, fundamentos y aplicaciones. INDE. 2007.
  • Burrows, Melonie. El Ejercicio y la Acumulación de Minerales Óseos en Niños y Adolescentes. PubliCE Standard. 15/02/2008. Pid: 936.
  •  Casanueva, Esther. Nutriología Médica. 2008. Editorial Médica Panamericana.
  • Gil, Angel. Tratado de Nutricion. Tomo 3, Nutrición humana en el estado de salud. 2010. Editorial Médica Panamericana.
  • Heredia Elvar, Juan R. Roig, Jorge L. Isidro Donate, Felipe. Chulvi Medrano, Iván. Mata, Fernando. Paredes, Jesús. Planteamientos Actuales ante el Sobrepeso/Obesidad desde la Perspectiva de los Especialistas en Ejercicio Físico y Salud. PubliCE Standard. 01/06/2009. Pid: 1136.
  •  Izquierdo M. Biomecánica y sistema neuromuscular en la actividad física y el deporte. Editorial Médica Panamericana, Madrid 2008.
  •  Izquierdo, Mikel. Entrenamiento de la Fuerza en Personas Mayores – ¿Cómo Hay que Entrenar la Fuerza en los Mayores? PubliCE Premium. 12/09/2007. Pid: 868.
  •  López Chicharro y Fernández Vaquero. Fisiología del Ejercicio. 3ª edición. Ed. Médica Panamericana, 2006.
  •  Roig, Jorge L. Sarcopenia: Algo más que la disminución de la masa muscular. PubliCE Standard. 15/12/2003. Pid: 231.
  • Saavedra, Carlos. Ejercicio en Obesidad y Enfermedades Metabolicas. 2006.
  • Tebar Massó F.J. y Escobar Jiménez F., en: La diabetes mellitas en la práctica clínica. Ed. Médica Panamericana. 2009.
  •  Wilmore Jack H, Costill D. Fisiología del esfuerzo y del deporte. Editorial Paidotribo, 2007.
  •  http://www.efdeportes.com/efd133/que-carga-tengo-que-utilizar-al-entrenar-la-fuerza.htm
  •  http://books.google.com.ar/books?id=Er0NtIfifHgC&pg=PA498&dq=ley+de+schultz+o+del+umbral&hl=es&ei=xVZBTrzGCtOBtgfjqtmzCQ&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=1&ved=0CC0Q6AEwAA#v=onepage&q=ley%20de%20schultz%20o%20del%20umbral&f=false

Referencia para citar este artí­culo:
Varela Mauricio. Efectos y Beneficios del Entrenamiento de Sobrecarga (fuerza) en Población General y en Adultos Mayores. Revisión. 2012. http://www.gefientrenamiento.com.ar/?p=211

 

Posted on 21/04/2012, in Artículos, Entrenamiento, Nuestras Publicaciones, Salud y Fitness. Bookmark the permalink. Leave a Comment.

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