El sobrepeso y la obesidad. No todo es exceso de alimentación y sedentarismo.

El sobrepeso y la obesidad
No todo es exceso de alimentación y sedentarismo

Por Jorge Roig (Abril 2008).

Cuando se quiere definir el balance de energía de nuestro cuerpo, lo que se dice sin demasiadas explicaciones es que éste depende del ingreso y egreso de calorías contenidas en los alimentos. Se agrega además a esta simple manifestación de conocimiento casi popular, que aquella cantidad de energía que incorporamos con la dieta, pero que no la utilizamos, se acabará depositando en nuestro tejido adiposo y por ello engordarán sus células (los llamados adipocitos) y con ellas, claro está, nosotros.
Queda claro que a partir de esta lectura de lo que sería la causa original de la obesidad (la ingesta calórica superando al gasto de calorías), se podría definir a ella como el desequilibrio crónico de la ingestión calórica sobre lo que se pierde en energía a lo largo de un período determinado de tiempo. Se afirma además que varios factores de tipo ambiental y genéticos se agregan en la ecuación como co-adyuvantes. Así, y ubicado entre los primeros, un rol decisivo se dice que lo tiene la alimentación ingerida en cantidades superiores a lo realmente necesario y la falta de ejercicio físico suficiente. Hasta acá parece que nada de nuevo se está aportando a lo que la mayoría de las personas conoce. Así, la sobrealimentación, la mala calidad de esta (excedida en grasas saturadas e hidratos de carbono de alto poder inflamatorio) y el sedentarismo conforman un pack explosivo que nos enfrenta a la posibilidad cierta de tener una mala calidad de vida, engordar y hasta incluso, vivir menos.

Es posible que no haya una relación directa entre la cantidad de calorías ingeridas y el peso corporal que se aumente?

Varios estudios han comunicado que si bien es cierto que en los seres humanos muchas veces la carga calórica excede largamente las necesidades que el organismo tiene, también es verdad que no se aumenta de peso en relación a ese desbalance. Y esto sí es una afirmación científica que ha despertado interés entre los investigadores para explorar más las causas de esta falta de relación entre lo que se come (en cantidad de calorías) y lo que se engorda en relación a ello. En este aspecto, la explicación dada es que nuestro cerebro (más puntualmente una parte de él, el llamado hipotálamo) tiene la capacidad de identificar el denominado “set point”, que es la habilidad para monitorizar la grasa corporal que el sujeto tiene y establecer respuestas de diferente tipo para intentar mantener dentro de ese punto la grasas que se va acumulando. Es decir, cuando el sistema nervioso central detecta que se altera positivamente el set point (o sea que se está acumulando más gordura), diferentes mecanismos de tipo metabólicos, nutricionales, y especialmente hormonales, se accionan para evitar acumular tejido adiposo en exceso. Está claro que el “dispositivo” del que disponemos no controla todo debidamente porque finalmente la gente, en su mayor parte, acaba por engordar. Pero lo cierto es que ello no acontece inmediatamente luego de pasado poco tiempo de haber incorporado las calorías en exceso. Y además, cuando se engorda, ello acontece en una relación menor a lo que se ingiere.

Hay personas que dicen ser adictas al chocolate o a los dulces. Se puede generar una adicción a un alimento?

Algunos estudios muy interesantes muestran afirmaciones de científicos asegurando que muchos alimentos tendrían en ciertas personas el carácter de adictivos. En este aspecto, lo comparan a la forma de accionar que tienen determinadas drogas como la cocaína, las anfetaminas o también el tabaco y el alcohol. Y ello porque así como lo hacen estos últimos, la alimentación tiene la facultad de generar la liberación de ciertas sustancias que al impactar sobre determinadas partes del cerebro produce respuestas del tipo de recompensa y placer (dopamina) o calma (serotonina). Se afirma entonces que aquellas personas que presenten cierta “vulnerabilidad genética” podrían generar adicción a cierto tipo de alimentos. A la forma compulsiva de la procura de estos con objetivos saciantes y/o calmantes se la denomina comúnmente “food craving”.
Otros trabajos de investigación realizados hace casi diez años mostraron que los cerebros de personas con exceso de peso tenían menor cantidad de receptores de dopamina. Las conclusiones de los científicos en estos casos es que sería muy probable que los sujetos obesos, al tener menos receptores para la dopamina en su cerebro, comerían más a los efectos de lograr finalmente alcanzar la tan deseada sensación de recompensa y placer que les genera la comida.

Porqué es que cuando se deja de fumar se engorda?

Un aspecto muy interesante que se ha considerado con bastante profundidad es el que se evidencia en quien tiene adicción al tabaco. Estas personas normalmente presentan menos peso corporal respecto de las que no fuman y se ha visto también que si abandonan el consumo de tabaco, lo más probable es que aumenten de peso. Se sabe que la nicotina incrementa la tasa metabólica basal. Esto quiere decir que una persona que fuma potencia el gasto energético aun sin incrementar su actividad física. O sea, gasta más energía. Pero también se sabe que cuando se fuma la sensación de hambre disminuye. Los estudios sobre estos aspectos han evidenciado que la nicotina ejerce una acción sobre ciertas hormonas, como es el caso de la llamada leptina, la que es responsable por regular la cantidad de grasa de nuestro cuerpo limitando nuestro deseo de comer. Así, cuando se fuma, se activa más la liberación de la hormona leptina y ella controla el apetito, con lo que se acaba por ingerir menos alimento. Además se ha visto que la nicotina inhibe a la principal sustancia generadora de hambre, el llamado neuropéptido Y (NPY), por lo que al limitar su liberación, quien fuma siente menos deseos de comer.

Hay personas que dicen que engordan porque duermen poco y por ello comen más, puede ser?

Varios estudios muy atrayentes han puesto al sueño como factor capaz de generar obesidad. Y esto porque se ha comprobado que las personas que duermen menos presentan dos factores que, asociados, pueden dar como respuesta una ingesta incrementada de alimentos. Así, quienes duermen menos horas de las necesarias liberan una potente hormona orexígena (que produce hambre), la llamada grelina, pero además también segregan menos de la ya mencionada leptina, que es en su función lo opuesta a la anterior, o sea anorexígena (disminuye el deseo de comer).

Es cierto que hay virus que nos pueden engordar?

Sin dudas que entre las comunicaciones científicas más interesantes de los últimos tiempos, están las que van siendo dirigidas hacia aquella obesidad que tendría como causa a la acción de un virus. Se ha visto esto ya en varios animales a quienes se les ha inoculado dicho microorganismo y en los cuales se les ha generado obesidad. Y en humanos también se ha comprobado algo similar, al punto que se ha observado que los sujetos obesos que poseen este virus (denominado Ad36) tienen 3 veces más anticuerpos para el mismo que las personas con peso normal. Los estudios más recientes sobre dicho virus han mostrado en animales que este tiene una inmensa capacidad para desarrollar obesidad en quien lo posee.
Dentro de estos otros factores que están más allá del exceso de comida ingerida diariamente y la falta de ejercicio como factores predisponentes en muchas personas a la obesidad, uno que últimamente se lo está analizando con mucho detenimiento es el de la microbiótica intestinal. Se ha observado que la microbiótica de muchos obesos presenta determinados microorganismos asociados a la acumulación de tejido graso y, simultáneamente, a la inhibición de su pérdida. Esto, curiosamente, no se ha observado en los sujetos de peso normal.
Finalmente, pero que vale la pena mencionar como para seguir confirmando que la obesidad no es una cuestión tan simple como comer más de lo necesario, se está estudiando en la actualidad lo que antiguamente fue documentado como “casos anecdóticos” por la ciencia. Existían muchas comunicaciones de padres de niños a los que se les había extirpado las amígdalas y/o las adenoides, que posteriormente a esta cirugía, el peso corporal de sus hijos se había incrementado bastante. Pareciera ser que la ausencia de infecciones recurrentes como consecuencia de la cirugía mencionada, unido a una mejor respiración y alimentación, pudieran explicar, al menos parcialmente, el aumento del depósito de grasa en estos niños.
Si bien no hay una línea única de pensamiento al respecto, todo lo anteriormente mencionado está siendo objeto de investigación con mucha seriedad desde la ciencia. Y ello porque a decir verdad, muchas formas de obesidad, al presente, no consiguen ser explicadas y por eso controladas.

Para reflexionar…

Posted on 07/09/2012, in Artículos, Salud y Fitness. Bookmark the permalink. Leave a Comment.

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