La aptitud aeróbica en las edades pedíatricas.

La aptitud aeróbica en las edades pedíatricas
Una actividad obligatoria que se acentúa en la pubertad.

Por Jorge Roig.

En artículos anteriores destacábamos la importancia de entrenar la fuerza en las edades pediátricas. Hoy vamos a fundamentar la relevancia que tiene el ejercitar la aptitud aeróbica por diferentes aspectos.

La posibilidad de realizar una actividad física durante varios minutos como correr, andar en bicicleta, nadar, etc, depende tanto del sistema músculo-esquelético como del aparato cardiorrespiratorio. Así, para que los músculos puedan realizar su función dinámica y gracias a ello desplazarnos de un lugar a otro, necesitan de energía de la misma manera que un automóvil reclama combustible para moverse. Si la actividad se prolonga en el tiempo, el corazón aportará oxígeno y nutrientes con la intención de brindarle la energía para que pueda concretarse el objetivo.

La manera que dicho órgano da sangre a todo el organismo es a través de su contracción, lo que genera la salida de dicho líquido contenido en su interior. Esto es lo que se denomina gasto sistólico y representa lo que expulsa el corazón por minuto, producto del número de veces que se contrae y la cantidad que expulsa en cada batido. De esta manera, cuanto más veces se contrae por minuto, más expulsa.
Pero existe una diferencia muy importante entre los adultos y las crianzas, fenómeno que se torna más evidente en la pubertad. Acontece que la cantidad de sangre que un adulto expulsa en cada contracción puede aumentar por mecanismos de adaptación del propio corazón y paralelamente batir menos veces por minuto, con igual resultado. Esto es sin dudas algo muy ventajoso porque implica menor estrés cardíaco.

Vamos a explicar ello a través de un simple ejemplo.
Un hombre en situación de reposo expulsa alrededor de 70ml de sangre en cada sístole. Si una actividad física reclama 15 litros de sangre circulando por minuto y el corazón logra expulsar 100ml en cada batimento, pues batiendo 150 veces por minuto logrará su propósito porque 100ml x 150 batimentos= 15000ml, o sea 15 litros. El entrenamiento adecuado podría llevar a esta persona a que, para idéntico esfuerzo, lograra expulsar mayor cantidad de sangre por batimento (por ejemplo 120ml) y reducir la frecuencia cardíaca a valores de 125 (120ml X 125= 15000ml, o sea 15 litros). Esto representa un gran beneficio para el corazón porque está a batir 25 veces menos por minuto. Si por acaso el entrenamiento se prolongara a esa intensidad durante 60 minutos, el número total de batimentos que realizaba en este último ejemplo era de 7500 (125 x 60), mientras que para el primer esfuerzo era 9000 (150 x 60), o sea 1500 contracciones cardíacas más. Si entrena 3 veces por semana a igual ritmo, ahorraría para el caso casi 5000 latidos por semana, 20 mil batidos menos en un mes, 240 mil al año. Esto significa igual rendimiento, pero mucho menos trabajo cardíaco. Fantástico!!!

Durante la pubertad, los diferentes estudios científicos indican que la frecuencia cardíaca de los niños es mayor respecto de los adultos por diversas razones, entre las que se destacan un menor tamaño del corazón (70-80% de lo potencialmente alcanzable), una frecuencia cardíaca basal (superior en un 20%) y, junto a otros factores, un hecho por demás relevante, el crecimiento musculoesquelético en la fase puberal es más rápido que el del sistema cardiocirculatorio. Es decir, que el cuerpo del infante crece a una velocidad superior que el músculo cardíaco, lo que hace que este tenga que trabajar más para cumplir con el objetivo de entregar la cantidad de sangre que un cuerpo mayor le reclama. Sería algo así como tener un automóvil al cual le han cambiado la carrocería por otra mayor pero el motor sigue siendo el mismo. El resultado es, obviamente, mayor trabajo y menor economía. Pero además, se sabe que la cantidad de sangre que expulsa en cada sístole casi no se altera en ejercicio respecto de los valores de reposo, por lo que para entregar más sangre por minuto (con oxígeno y nutrientes) deberá batir más veces ya que no puede regular la cantidad que expulsa, algo que, como dijimos, sí logra el adulto.

Bajo esta realidad, dos son las premisas a considerar. Primero que los esfuerzos en las etapas infantiles debieran tener las características de no ser continuos sino interválicos, es decir alternar esfuerzos breves con pausas algo mayores a los tiempos de esfuerzo. Fue demostrado que este último tipo de ejercicios tiene incidencia positiva sobre la contracción o sístole, lo que significa que con entrenamiento adecuado el corazón de la crianza es capaz de adaptarse a la manera como lo hace el adulto. Esto es, expulsar más sangre por batido y, por ello, poder contraerse menos veces por minuto (lo que implica significativa economía de esfuerzo). El entrenamiento aeróbico de tipo continuo (correr ininterrumpidamente durante varios minutos) no ha mostrado brindar ese tipo de cambios deseables y por el contrario, estresa exageradamente al corazón. El segundo aspecto a considerar tiene que ver con fenómenos hormonales y metabólicos. La fase puberal muestra a los niños con una cantidad aumentada de testosterona, producto del desarrollo sexual. En esta etapa y justamente por esta descarga hormonal aumentada de testosterona, los valores de LDL colesterol (mal colestero!!) se incrementan al tiempo que los de HDL colesterol (buen colesterol!!!) disminuyen, ambos en forma relativa. Uno de los más destacados beneficios que se le reconoce al entrenamiento aeróbico (y al de fuerza!!!) es el de su acción positiva aumentando el buen colesterol y disminuyendo el malo.

Como es de imaginar entonces, esta fase debiera ser muy bien tenida en cuenta ya que las condiciones metabólicas se muestran como desfavorables y la adecuada actividad física a brindar puede ser una gran aliada de la salud de la crianza. Dicho en otras palabras, el entrenamiento aeróbico en las edades infantiles merece también una especial consideración porque puede ser muy estresante y poco beneficioso. Pero sobre ello es posible accionar entonces con el entrenamiento adecuado que le genere menor estrés cardíaco y por ello más salud. Y además, porque la fase puberal es una etapa metabólica especial, donde la descarga hormonal desequilibra negativamente ciertos valores en las fracciones de colesterol sanguíneo y la actividad aeróbica bien seleccionada puede contrabalancear esta situación de una manera positiva. Y todo esto, además, sin dejar de considerar que existe una reconocida deficiencia enzimática de ciertas enzimas glucolíticas de dominio dentro del territorio anaeróbico (PFK y LDH por caso) hasta alcanzada la fase puberal (lo que obligaría a enfatizar en otros, pero en este tipo de sistema anaeróbico).

Para concluir, los esfuerzos aeróbicos son de fuerte impacto en el sistema termo-regulador cuando el ejercicio es contínuo y prolongado en el tiempo. Y este es otro punto neurálgico dentro del entrenamiento en niños. Porque estos no consiguen termorregular efectivamente hasta pasada la pubertad por inmadurez fisiológica-y neuro-endócrina. Así, el estrés térmico es una consecuencia inevitable y, obviamente, ser de impacto nada aconsejable en las edades tempranas de la vida

Para reflexionar….

Posted on 18/09/2012, in Artículos, Entrenamiento, Salud y Fitness. Bookmark the permalink. Leave a Comment.

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