La obesidad infantil, más allá de las problemáticas cardiometabólicas.

A modo de introducción:

Por Prof. Mauricio Varela.

La obesidad infantil es una epidemia global (Showell NN et al. 2013). Estamos viviendo en un mundo donde los niveles de obesidad y sobrepeso están en continuo aumento, y estas problemáticas se desarrollan a edades cada vez más tempranas. Aproximadamente 110 millones de niños están clasificados con sobrepeso u obesidad. Y muchos niños y adolescentes obesos ya manifiestan complicaciones cardiometabólicas que antes solo se encontraban en adultos. Estos niños están en alto riesgo para el desarrollo de la morbilidad temprana (Cali AM, Caprio S. 2008).

Problemáticas cardiometabólicas:

En un interesante estudio, los autores (Campbell, T.C;Campbell II, TM.2013) destacan que los jóvenes con sobrepeso son más propensos a sufrir una serie de problemas de salud. Sus niveles de colesterol suelen ser elevados, lo que puede ser un indicador de varias enfermedades mortales. Tienen mayores posibilidades de sufrir intolerancia a la glucosa y, como consecuencia, de enfermar de diabetes. La diabetes tipo 2, que antes solo se veía en adultos, está creciendo a un ritmo vertiginoso entre los adolescentes. Además, en comparación con los demás niños, los obesos tienen nueve veces más probabilidades de sufrir de hipertensión.

Uno de cada diez niños obesos padece apneas, durante el sueño, un trastorno que puede causar disfunciones neurocognitivas. Existe una amplia variedad de problemas óseos que se observan con mayor frecuencia en los niños obesos. Y lo más importante, hay grandes probabilidades de que un joven obeso sea un adulto obeso, lo cual aumenta considerablemente la perspectiva de que sufra problemas de salud a lo largo de toda su vida. Estudios confirman que la obesidad durante etapas tempranas de la niñez y la adolescencia se asocia con mayores riesgos de salud durante la vida adulta (Inge TH et al. 2013).

A su vez, se ha demostrado que la obesidad infantil se relaciona con un desarrollo motor No óptimo (deterioro en las Habilidades Motoras Gruesas, tales como caminar, correr, saltar y trepar). Un dominio de estas destrezas en los niños es importante para su desarrollo general,  por razones de salud, psicosociales y académicas (ver más info. aquí).

Problemáticas Cognitivas:

Ahora bien, además de estas importantes complicaciones cardiometabólicas y del desarrollo motor, varios estudios apuntan al impacto negativo de la obesidad por su asociación con un menor rendimiento cognitivo desde la infancia a la senectud.

En este sentido, en una reciente investigación titulada “Visceral fat is associated with lower executive functioning in adolescents”, los investigadores (Schwartz DH et al. 2013), evaluaron el impacto de la Grasa Visceral sobre la Función Ejecutiva (habilidad cognitiva fundamental que permite la anticipación, el establecimiento de metas, la formación de planes, el inicio de las actividades y operaciones mentales, la autorregulación de las tareas y la habilidad de llevarlas a cabo eficientemente) (figura 1) y la memoria.

Figura 1: Representacion ilustrativa de la Función Ejecutiva (Tomádo de Rochellys Diaz Heijtz, 2008).

¿Qué hicieron los investigadores?

Analizaron una muestra compuesta por 983 adolescentes varones (entre 12-18 años de edad), en los cuales se cuantificó la Grasa Visceral (GV), utilizando imágenes de resonancia magnética, y se evalúo el rendimiento cognitivo mediante una batería de pruebas.

¿Qué resultados obtuvieron? y ¿Cuáles fueron sus conclusiones?

Se encontró que un mayor volumen de GV se asocio con un menor rendimiento en la función ejecutiva. También se encontró que la asociación de GV con la función ejecutiva se presenta sobre todo en mujeres y no tanto en varones. Estas relaciones fueron independientes de la cantidad de grasa corporal total y de una serie de posibles factores como la edad, etapa de la pubertad y el ingreso familiar.

En síntesis: se concluyo que la obesidad, esencialmente la grasa visceral, se asocia con un menor rendimiento cognitivo, especialmente en las tareas de la Función Ejecutiva. Esto puede ser atribuido a que la obesidad podría esconder una desregulación de los circuitos neuronales. Alternativamente, la obesidad podría inducir el desarrollo de la disfunción neuronal (Kaela R. et al. 2013).

Es importante destacar que similares resultados se obtuvieron en estudios recientes, los que apoyan la relación negativa entre la obesidad y diversos aspectos del funcionamiento neurocognitivo, tales como la función ejecutiva, la atención, el desempeño visuo-espacial y las habilidades motoras (Liang J et al. 2013) (Reinert KR et al. 2013).

La imagen de la derecha ilustra la ubicación de grasa visceral.

Importancia del ejercicio físico:

El ejercicio físico (si es correctamente planificado, programado y dosificado) se sabe que puede mejorar las funciones del cerebro; desde el rendimiento académico de los niños hasta la memoria y el deterioro cognitivo en pacientes con Alzheimer. También se ha demostrado una mejora de las funciones motoras en pacientes con Parkinson, y de la plasticidad neural  (Beall EB et al. 2013).

Estos efectos están bien establecidos, tanto en niños como en adultos, en los individuos físicamente aptos y con sobrepeso, tanto en sujetos sanos como en sujetos enfermos (Smith PJ et al 2010).

Ahora bien, en lo que respecta a la Función Ejecutiva, estudios (Dai CT et al. 2013) han reportado que esta en general mejora después de la participación en ejercicios de “tipo aeróbico”. En este sentido, investigaciones del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Texas, EE.UU., comprobó la mejora de la función ejecutiva inmediatamente después de menos de 30 minutos de ejercicio aeróbico a una intensidad relativamente elevada (subir escaleras al 75% de la frecuencia cardiaca máxima), mientras que ninguna mejora se observó en el grupo de control, el cual no realizo ejercicios (Tam, Nicoladie D. 2013).

En consonancia con estos resultados, estudios de Wang CC y colaboradores (2013) demostraron que se producen mejoras en la función ejecutiva durante el ejercicio de alta intensidad, pero no durante ejercicios de baja y moderada intensidad (80 % de la frecuencia cardiaca de reserva vs. El 30 o 50 %).

Otros estudios señalan que el ejercicio aeróbico aumenta los factores de crecimiento tales como el Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro, lo que conduce a un aumento del suministro de sangre capilar hacia la corteza cerebral y el crecimiento de nuevas neuronas y sinapsis, dando como resultado un potencial mejor aprendizaje (Dishman et al., 2006  en Davis CL et al 2011) (ver más info. aquí).

Adicionalmente, los conocimientos actuales, indican que las mejoras cognitivas en aspectos específicos de la función ejecutiva también pueden ser obtenidas mediante ejercicios de habilidad abierta (en el que las condiciones varían durante la ejecución de una habilidad, típicas de los deportes de conjunto) (Dai CT et al. 2013) o en modelos de entrenamiento combinado (“resistencia aeróbica”, fuerza, equilibrio, agilidad) (Forte R et al. 2013) (Marzolini S et al. 2013).

Finalmente, si la obesidad tiene un efecto perjudicial sobre el cerebro, sería razonable la importancia de prevenir su avance durante el período crítico del desarrollo del cerebro, en particular durante el desarrollo de la función ejecutiva (estrechamente correlacionada con el éxito académico, función social, y el control emocional) (St Clair-Thompson HL et al. 2006); y el rol del ejercicio físico correctamente planificado, programado y dosificado será esencial en tratamiento de esta problemática multifactorial.



 

Bibliografía:

  • Beall EB, Lowe MJ, Alberts JL, et al. The effect of forced-exercise therapy for Parkinson’s disease on motor cortex functional connectivity. Brain Connect . 2013; 3:190–198.
  • Campbell TC;  Campbell II T M. The China Study. BenBella Books, Inc., 2013.
  • Cali AM, Caprio S 2008. Obesity in children and adolescents. J Clin Endocrinol Metab 93:S31–36.
  • Dai CT, Chang YK, Huang CJ, Hung TM. Exercise mode and executive function in older adults: an ERP study of task-switching. Brain Cogn. 2013 Nov; 83(2):153-62.
  • Davis CL, Tomporowski PD, McDowell JE, Austin BP, Miller PH, Yanasak NE, Allison JD, Naglieri JA. Exercise improves executive function and achievement and alters brain activation in overweight children: a randomized, controlled trial. Health Psychol. 2011 Jan; 30(1):91-8.

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  • Inge TH , King WC , Jenkins TM , Courcoulas AP , Mitsnefes M , Flum DR , Wolfe BM , Pomp A , Dakin GF , Khandelwal S , Zeller MH , Horlick M , Pender JR , Chen JY , Daniels SR . The Effect of Obesity in Adolescence on Adult Health Status. Pediatrics. 2013 Nov 18.

  • Kaela R. S. Reinert, Eli K. Po’e, and Shari L. Barkin, “The Relationship between Executive Function and Obesity in Children and Adolescents: A Systematic Literature Review”. Journal of Obesity, vol. 2013, Article ID 820956, 10 pages, 2013. doi:10.1155/2013/820956
  • Liang J, Matheson BE, Kaye WH, Boutelle KN. Neurocognitive correlates of obesity and obesity-related behaviors in children and adolescents.Int J Obes (Lond). 2013 Aug 5. doi: 10.1038/ijo.2013.142.

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  • Smith PJ, Blumenthal JA, Hoffman BM, et al. Aerobic exercise and neurocognitive performance: a meta-analytic review of randomized controlled trials. Psychosomatic Medicine . 2010; 72 (3):239–252.
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  • St Clair-Thompson HL, Gathercole SE. Executive functions and achievements in school: shifting, updating, inhibition, and working memory. Quarterly Journal of Experimental Psychology . 2006; 59 (4):745–759.
  • Tam ND. Improvement of Processing Speed in Executive Function Immediately following an Increase in Cardiovascular Activity. Cardiovasc Psychiatry Neurol. 2013;2013:212767.
  • Wang CC, Chu CH, Chu IH, Chan KH, Chang YK. Executive function during acute exercise: the role of exercise intensity. J Sport Exerc Psychol. 2013 Aug; 35(4):358-67.

Posted on 04/12/2013, in Artículos, Nuestras Publicaciones, Salud y Fitness. Bookmark the permalink. Leave a Comment.

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