La Enfermedad de Parkinson y el Ejercicio Físico.

Por Prof. Mauricio Varela.

A modo de introducción:

La Enfermedad de Parkinson (EP), junto a la de Alzheimer, es una de las enfermedades que más comúnmente se relaciona con el envejecimiento en el mundo (Chao J et al. 2012), y se espera que la prevalencia de la enfermedad aumente en las próximas décadas (Grazina R et al. 2013).

Según la European Parkinson’s Disease Association (EPDA) la EP es una condición neurológica progresiva, que afecta el estado físico, psicológico, social y funcional de los individuos (Goodwin VA et al. 2008). Se caracteriza principalmente por dificultades con los movimientos del cuerpo, conocidos como «síntomas motores» – el más identificable, tal vez, sea el temblor. Otras dificultades que no están relacionadas con el movimiento también pueden ocurrir, como el dolor, las alteraciones del sueño y la depresión – estos son conocidos como «síntomas no motores».

De acuerdo con la Declaración Mundial para la enfermedad de Parkinson 6,3 millones de personas tienen la EP en todo el mundo, la cual afecta a todas las razas y culturas. La edad de inicio suele ser al sobrepasar los 60 años, pero se estima que una de cada diez personas es diagnosticada antes de los 50 años y fundamentalmente se diagnostica en hombres.

En la actualidad, los tratamientos para la EP se basan, esencialmente, en suministrar medicamentos para controlar los síntomas motores, sin embargo, estos aun no pueden ser totalmente eliminados (Brienesse LA et al. 2013). La terapia sintomática sigue siendo insatisfactoria (Grazina R et al. 2013).

Importancia del ejercicio físico:

Estudios recientemente publicados por la Movement Disorders Society (MDS) ponen de manifiesto que en la enfermedad de Parkinson son comunes los trastornos del equilibrio y de la marcha; los que contribuyen al aumento de la discapacidad y la disminución de la calidad de la vida, por su relación con la probabilidad de sufrir caídas (van der Kolk NM et al. 2013). Tal es así que las personas con enfermedad de Parkinson tienen tres veces más probabilidades de sufrir una fractura de cadera como resultado de una caída cuando se compara con sujetos que no tienen la condición (Genever RW et al 2005; Pressley JC et al. 2003. En Goodwin VA et al. 2008). Ahora bien, déficits en el equilibrioy en la marcha son notoriamente difícil de tratar y no mejoran significativamente por el tratamiento farmacológico o quirúrgico.

Las últimas décadas han visto un aumento en la investigación y en el interés clínico del uso del ejercicio físico como tratamiento para los problemas relacionados con la EP. En este sentido, el ejercicio tiene el potencial de ayudar tanto a nivel motor (marcha, equilibrio, fuerza), como no motor (depresión, apatía, fatiga, estreñimiento), y cognitivamente (aprendizaje y memoria) (Murray DK et al. 2014). Asimismo, se ha demostrado que mejora las complicaciones secundarias a la inmovilidad, como son ciertos problemas cardiovasculares y la osteoporosis (van der Kolk NM et al. 2013). Incluso, estudios señalan el rol preventivo del ejercicio físico, ya que este se ha asociado con un menor riesgo de desarrollar la EP (Grazina R et al. 2013), esencialmente debido a cambios neuroquímicos y neuroplásticos favorables.

La neuroplasticidad es el proceso por el cual el sistema nervioso genera nuevas conexiones nerviosas o altera la fuerza de las conexiones existentes. Imagen: Instituto Max Planck de Neurobiología

Enfermedad de Parkinson y el ejercicio físico: mecanismos de acción.

Las neuronas utilizan un químico cerebral, llamado dopamina, para ayudar a controlar el movimiento muscular. Cuando se presenta la EP, las neuronas que producen dopamina mueren lentamente. Sin la dopamina, las células que controlan el movimiento no pueden enviar mensajes a los músculos, lo cual hace que sea difícil controlarlos. Este daño empeora lentamente con el tiempo (tomado de Medlineplus).

El mecanismo exacto por el cual se produce la muerte neuronal en la EP no es muy conocida, pero varias líneas de evidencia implican a la disfunción mitocondrial como una posible causa primaria, debido al papel central de la mitocondria en la producción de energía, junto con el estrés oxidativo. Por otra parte, las mutaciones en varias proteínas mitocondriales se han asociado con la degeneración neuronal, la muerte celular y la EP (Exner N et al. 2012) (Keane PC et at. 2011).

Ahora bien, existe evidencia que afirma que ejercicio tiene beneficios protectores en contra de la aparición de los síntomas en la EP. Esto parece ser debido a la liberación de factores neurotróficos y una mayor oxigenación cerebral, que juntos promueven el crecimiento y la supervivencia celular. Además, se ha encontrado que el ejercicio estimula la síntesis dopamina en las restante células dopaminérgicas y por lo tanto ayudan a reducir los síntomas (Dishman RK et al. 2006; Fox CM et al. 2002. En Goodwin VA et al. 2008).

Al mismo tiempo, se ha documentado que el ejercicio genera neuroplasticidad e incrementa la capacidad del cerebro para la autoreparación. En este sentido, estudios ponen de manifiesto que el ejercicio puede modular la neurotransmisión de glutamato que contribuye a la neuroplasticidad y fortalecimiento sináptico durante el proceso de aprendizaje (Petzinger GM et al. 2013). Incluso investigaciones han demostrado que el ejercicio regular mejorar el volumen del cerebro (Colcombe SJ et al. 2006) y el funcionamiento cognitivo; especialmente la función ejecutiva. (Myoung-Ae Choe et al. 2012).

Algunas investigaciones:

Estudios de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Sydney, Australia, informan que  el entrenamiento de resistencia (fuerza) ha demostrado tener un efecto positivo en los niveles de la fuerza muscular, así como en parámetros funcionales relacionados con la movilidad en población con EP (Brienesse LA et al. 2013). Al mismo tiempo, se ha observado que el ejercicio aeróbico, de intensidad baja a moderada (30-50 minutos al 40-70 % de la frecuencia cardiaca de reserva respectivamente) ejerce una mejora de la aptitud cardiovascular en la población con Parkinson (Shulman LM et al. 2013). Por lo tanto, la combinación de ejercicios aeróbico y de fuerza puede resultar en un mayor beneficio que ambos tipos de ejercicio realizados aisladamente (Tambosco L et al. 2014).

En este mismo sentido, un estudio de la Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud de España, encontró que realizar durante medio año tres veces a la semana (aprox.) un protocolo de ejercicio de sesiones de 90 minutos; consistentes de 5 minutos de actividades cardiovasculares, 15 minutos de ejercicios de estiramientos, 15 minutos de ejercicios de fuerza, 15 minutos de entrenamiento funcional, 15 minutos de entrenamiento de la marcha, 15 minutos de juegos de equilibrio y 10 minutos de ejercicio de relajación; eran suficientes para que la rigidez, postura, equilibrio y la marcha mejoraran en población con EP, y que esta mejora era prolongada en el tiempo (Seco Calvo J et al. 2010).

Publicaciones recientes de la Universidad de Alabama, EE.UU. demostraron que un protocolo de ejercicio de alta intensidad consistente en ejercicios de fuerza, potencia y equilibrio entre otros, lograba hipertrofia muscular (tipo I: 14%, tipo II: 36%) y un aumento de la actividad de la mitocondrial. Estas adaptaciones fueron acompañados por una serie de mejoras funcionales: la fuerza corporal total (30-56%); potencia de las piernas (42%); balance sobre una sola pierna (34%); prueba de los 6 minutos a pie (43 m). Concluyendo los autores que, las personas con EP moderadamente avanzado se adaptan a la práctica de ejercicio de alta intensidad con los cambios favorables en el músculo esquelético en los niveles celular y subcelular que están asociados con las mejoras en la función motora, la capacidad física y la percepción de fatiga (Kelly NA et al. 2014).

A modo de cierre:

Sobre la base de gran cantidad de estudios publicados, se ha demostrado que el ejercicio es muy importante en la mejora de la función motora y cognitiva en la EP y para facilitar la neuroplasticidad. Por lo tanto, el ejercicio debe ser considerado como un tratamiento esencial para la EP, sobre todo en los individuos con enfermedad de leve a moderada (Petzinger GM et al. 2013).

Las investigaciones revelan que diversos tipos de ejercicio, incluyendo aeróbico, sobrecarga, los ejercicios de alta intensidad, la danza, e incluso el tai-chi (Cheon SM et al. 2013; Tsang WW 2013) pueden mejorar las funciones físicas (fuerza, la aptitud cardiovascular, el equilibrio) y además las funciones cognitiva en pacientes con EP. Sin embargo, aun se necesita más investigación para identificar la dosis, el tipo, la cantidad, los mecanismos y la duración óptima e ideal del ejercicio que provoque dichas mejoras.

Finalmente, los proveedores de salud (neurólogos, médicos, profesores de educación física, kinesiólogos, etc.) y los responsables políticos deben recomendar el ejercicio como parte de la neurorrehabilitación para este trastorno, recordando que los programas de rehabilitación deben comenzar lo antes posible (Tambosco L et al. 2014).

 


 Bibliografía:

  • Brienesse LA , Emerson MN. Effects of resistance training for people with Parkinson’s disease: a systematic review. J Am Med Dir Assoc. 2013 Apr;14(4):236-41.
  • Chao J, Leung Y, Wang M, Chang RC. Nutraceuticals and their preventive or potential therapeutic value in Parkinson’s disease. Nutr Rev. 2012 Jul;70(7):373-86.
  • Cheon SM, Chae BK, Sung HR, Lee GC, Kim JW. The Efficacy of Exercise Programs for Parkinson’s Disease: Tai Chi versus Combined Exercise. J Clin Neurol. 2013 Oct;9(4):237-43.
  • Choe MA, Koo BS, An GJ, Jeon S.Effects of Treadmill Exercise on the Recovery of Dopaminergic Neuron Loss and Muscle Atrophy in the 6-OHDA Lesioned Parkinson’s Disease Rat Model. Korean J Physiol Pharmacol. 2012 Oct;16(5):305-12.
  • Colcombe SJ, Erickson KI, Scalf PE, Kim JS, Prakash R, McAuley E, Elavsky S, Marquez DX, Hu L, Kramer AF. Aerobic exercise training increases brain volume in aging humans. J Gerontol A Biol Sci Med Sci. 2006 Nov;61(11):1166-70.
  • Colcombe SJ, Erickson KI, Raz N, Webb AG, Cohen NJ, McAuley E, Kramer AF. Aerobic fitness reduces brain tissue loss in aging humans. J Gerontol A Biol Sci Med Sci. 2003 Feb;58(2):176-80.
  • Grazina R, Massano J. Physical exercise and Parkinson’s disease: influence on symptoms, disease course and prevention. Rev Neurosci. 2013;24(2):139-52.
  • Goodwin VA, Richards SH, Taylor RS, Taylor AH, Campbell JL . The effectiveness of exercise interventions for people with Parkinson’s disease: a systematic review and meta-analysis. Mov Disord. 2008 Apr 15;23(5):631-40.
  • Kelly NA, Ford MP, Standaert DG, Watts RL, Bickel CS, Moellering DR, Tuggle SC, Williams JY, Lieb L, Windham ST, Bamman MM. Novel, high-intensity exercise prescription improves muscle mass, mitochondrial function, and physical capacity in individuals with Parkinson’s disease. J Appl Physiol (1985). 2014 Mar 1;116(5):582-92.
  • Murray DK, Sacheli MA, Eng JJ, Stoessl AJ. The effects of exercise on cognition in Parkinson’s disease: a systematic review. Transl Neurodegener. 2014 Feb 24;3(1):5.
  •  Petzinger GM, Fisher BE, McEwen S, Beeler JA, Walsh JP, Jakowec MW. Exercise-enhanced neuroplasticity targeting motor and cognitive circuitry in Parkinson’s disease. Lancet Neurol. 2013 Jul;12(7):716-26.
  • Lau YS, Patki G, Das-Panja K, Le WD, Ahmad SO. Neuroprotective effects and mechanisms of exercise in a chronic mouse model of Parkinson’s disease with moderate neurodegeneration. Eur J Neurosci. 2011 Apr;33(7):1264-74.
  • Shulman LM, Katzel LI, Ivey FM, Sorkin JD, Favors K, Anderson KE, Smith BA, Reich SG, Weiner WJ, Macko RF. Randomized clinical trial of 3 types of physical exercise for patients with Parkinson disease. JAMA Neurol. 2013 Feb;70(2):183-90
  • Tambosco L, Percebois-Macadré L, Rapin A, Nicomette-Bardel J, Boyer FC. Effort training in Parkinson’s disease: a systematic review. Ann Phys Rehabil Med. 2014 Mar;57(2):79-104.
  • Tsang WW. Tai Chi training is effective in reducing balance impairments and falls in patients with Parkinson’s disease. J Physiother. 2013 Mar;59(1):55.
  • van der Kolk NM, King LA. Effects of exercise on mobility in people with Parkinson’s disease. Mov Disord. 2013 Sep 15;28(11):1587-96.

Posted on 14/06/2014, in Artículos, Nuestras Publicaciones, Salud y Fitness. Bookmark the permalink. Leave a Comment.

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