Obesidad, Riesgo Cardiometabólico, Dieta y el Ejercicio Físico.

Por Prof. Mauricio Varela.

La acumulación de tejido adiposo, principalmente cuando este tiende a concentrarse en la zona visceral del cuerpo, causa un incremento del riesgo de sufrir enfermedades cardiometabólicas como la diabetes mellitus, la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares (Figura 1) (Maldonado Villalón JA et al. 2013; Reyes M et al. 2014, Whaley-Connell A et al. 2011), como así también enfermedades osteoarticulares y diferentes tipos de canceres (Libby EF et al. 2014; Hainer V et al 2008). Debido a esto, podemos afirmar que la obesidad afecta de manera significativa la calidad de vida y reduce la esperanza de vida media. Su origen es multifactorial (Roig J. 2006). Es por ello que no es posible abordarla de manera descontextualizada y unidireccional, por ejemplo únicamente desde la nutrición, sin considerar el rol esencial que cumple el ejercicio físico dentro de un contexto de abordaje más amplio… multidisciplinario (Stewart KE et al. 2014; Donini LM  et al. 2014; García-Calzón et al. 2014; Bocca T et al. 2013; Hainer V et al 2008).

Figura 1: La relación entre el aumento de tejido adiposo visceral con un mayor riesgo para la disfunción endotelial que se manifiesta como la hipertensión, resistencia a la insulina y diabetes e hipertrofia ventricular izquierda y el riesgo cardiovascular a largo plazo (tomado de Whaley-Connell A et al. 2011).

La investigación hasta la fecha sugiere que la adición de programas de ejercicio físico a la restricción dietética puede promover cambios más favorables en la composición corporal que la dieta o la actividad física por sí sola.

En este sentido, y en concordancia con investigaciones anteriores (Ross R et al. 2000; Ryan AS 2000; Shah K et al. 2009, Goodpaster BH et al. 2010, Villareal DT et al. 2011), estudios recientes (Bouchonville M et al. 2014), que tuvieron como objetivo determinar los efectos de la perdida de peso por medio de la dieta únicamente comparándolo con la combinación de dieta más ejercicio físico (fuerza, aeróbico y equilibrio) sobre los factores de riesgo cardiometabólicas; en sus conclusiones, afirman que la prevalencia de síndrome cardiometabólico disminuyó en un 40% en sujetos que realizaron durante un año el protocolo de dieta + ejercicio, mientras que sujetos que realizaron solamente dieta disminuyó en un 15%.

El Estudio: Bouchonville et al. Weight loss, exercise or both and cardiometabolic risk factors in obese older adults: results of a randomized controlled trial. Int J Obes (Lond). 2014 Mar; 38(3):423-31.

Desde nuestro campo de incumbencia, que es fundamentalmente la educación física, es significativo destacar que las intervenciones que incluyen al ejercicio físico, si este es correctamente seleccionado y dosificado vale la pena aclararlo, logran además en los sujetos obesos disminuir la sensación de dolor,  por ejemplo debido a la artrosis de rodilla; a su vez consiguen disminuir la interleucina 6 (una medida de inflamación), mejoran funciones de la vida diaria como la marcha y otorga una mejor calidad física en general (Messier SP et al. 2013).

En igual sentido, las investigaciones han coincidido en que especialmente los protocolos que incluyen al ejercicio físico como medio para disminuir el peso corporal logran, por un lado, evitar o disminuir la perdida de tejido muscular (sarcopenia) y su capacidad de realizar fuerza (dinapenia) (Stiegler P et al. 2006; Nicklas BJ et al. 2009), esencial para poder realizar actividades de la vida diaria con más facilidad; y por el otro, mantener o elevar el consumo máximo de oxigeno (vo2max.) (Nicklas BJ et al. 2009; Ryan AS et al. 2014), que a pesar de no ser la única herramienta para medir el nivel de acondicionamiento físico, es generalmente considerada como la mejor medida del fitness cardiovascular. A su vez, investigaciones de Ryan y colaboradores (1985) afirman que  la adición de ejercicio a los programas de pérdida de peso puede reducir el riesgo de pérdida ósea y osteoporosis.           

Podríamos añadir que las intervenciones que incluyen al ejercicio físico ayudan en mayor medida a reducir la esteatósis hepática (hígado graso)(Fig. 1) y la grasa abdominal (Ozturk Y et al. 2014; Hallsworth K et al 2011; Goodpaster BH et al 2010; Krupa Shah et al. 2009) la que hemos señalado como uno de los principales factores de riesgo cardiometabólico (Whaley-Connell A et al. 2011), incluso en niños obesos se ha demostrado que el ejercicio mejora las funciones cognitivas (Dai CT et al. 2013; Tam ND 2013; Wang CC et al. 2013) y el desarrollo de las habilidades motoras (Graf C, Koch B et al. 2004; Ulrich BD. 1987; Patterson JW et al. 2001).

Figura 1: Izq.: Luego de 8 semanas, el ejercicio de resistencia (fuerza) provocó una reducción del 13% en relación con el hígado graso, sin cambio en el grupo control. Adicionalmente en el grupo que realizo ejercicio se detecto una mayor sensibilidad a la insulina y un aumento de la oxidación de grasas (tomado de: Hallsworth K et al. 2011). Der: imagen comparativa entre un hígado con acumulación de lípidos vs. un hígado normal.

Debemos destacar que anteriores estudios (Simoneau JA et al. 1999) obtuvieron algunos resultados similares a los de Hallsworth K  (2011) y han indicado que sujetos que han bajado de peso utilizando como único elemento terapéutico la dieta continúan presentando una pobre capacidad para transportar ácidos grasos hacia los músculos, a su vez la actividad oxidativa mitocondrial, disminuida en el músculo de los obesos no está afectada por la restricción dietaría ni la baja de peso, por lo cual en una etapa post pérdida de peso la capacidad oxidativa(en terminos más sencillos “quemar grasas”) no se acerca a los valores de un sujeto de peso normal y muchos menos a los valores de sujetos entrenados.

Dibujo

Grafico simbólico de la condición del tejido muscular en los sujetos obesos, post obesos, normales y entrenados: A pesar de bajar de peso metabolitamente muchas cosas siguen igual:
El Vo2max es inferior en el obeso y no cambia con la dieta; el metabolismo oxidativo también es inferior y no aumenta con la baja de peso. Todas las variables presentadas son inferiores a las del sujeto entrenado (Ryan AS et al. 2014; Nicklas BJ et al. 2009; Simoneau JA et al. 1999, en Saavedra 2004).

Finalmente, estudios publicados por de la Universidad Estatal de Arizona, EE.UU. (Gaesser GA et al. 2011) afirman que el ejercicio tiene muchos beneficios para la salud, incluidas las adaptaciones del músculo esquelético que mejoran el metabolismo de las grasas y la glucosa, la acción de la insulina, mejora la función endotelial; produce cambios favorables en los lípidos, lipoproteínas y factores hemostáticos de la sangre, reduce la presión arterial, la lipemia posprandial, la glucemia, y los marcadores proinflamatorios. Estas adaptaciones inducidas por el estilo de vida se producen independientemente de los cambios en el peso corporal o la grasa corporal.

En este sentido, una revisión reciente demostró que el riesgo de todas las causas y la mortalidad relacionada con las enfermedades cardiovasculares fue menor en los individuos clasificados con sobrepeso y buena condición física en comparación con los individuos “normales” y mala condición física (Fogelholm M. 2011).

En resumen, la pérdida de peso inducida por la dieta no rectifica varios de los defectos metabólicos del músculo esquelético relacionados con la obesidad. Estos resultados nos sugieren al ejercicio físico como un potente elemento de terapia en la recuperación del fitness metabólico muscular, y central en la disminucion del riesgo cardiometabolico.

Una verdadera necesidad, el trabajo Multidisciplinario:

En mi opinión, y según da cuenta una gran cantidad de bibliografía científica existente, en el tratamiento del sobrepeso y muy especialmente en el de la obesidad solo el verdadero trabajo codo a codo, en equipo; un enfoque multidisciplinario, multidimensional que incluya la intervención nutricional, la rehabilitación por el ejercicio, el acompañamiento psicológico y la intervención médica, lograran resultados eficaces a largo plazo. Asimismo, estos resultados en gran medida serán dependientes del autocontrol alcanzado por el paciente y de obtener un cambio permanente en su estilo de vida.

 


 Bibliografía:

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Posted on 28/03/2014, in Artículos, Nuestras Publicaciones, Salud y Fitness. Bookmark the permalink. Leave a Comment.

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